viernes, 10 de marzo de 2017

Y el villano es...

Es evidente que Ecuador se deshará de Assange después de las elecciones, no antes. Como dije, los dos candidatos a la presidencia tienen enfilado a quien hoy está poniendo patas arriba al muy democrático sistema estadounidense pero el gobierno, que ya le censuró una vez, no se ha atrevido a hacer lo mismo ahora por temor a cómo puede repercutir en las elecciones y ahuyentar a ciertos votos de la izquierda de los que tan necesitado está.

Este tiempo de gracia le está aprovechando Assange como puede. Ayer dio una conferencia de prensa vía internet en la que se refirió a la filtración de los 8.761 correos de la CIA en los que se pone de relieve los métodos de espionaje cibernéticos y cómo la práctica totalidad de nuestros cacharritos está en sus manos y propuso algo novedoso: una especie de Convención de Ginebra Digital.

La Convención de Ginebra se firmó a finales de la década de 1860 para su aplicación en las guerras, sobre todo en lo relativo al tratamiento de los heridos. Después se han firmado otras, la última después de la II Guerra Mundial que hace referencia a la protección de civiles en las guerras. Digamos que todo ello forma parte del entramado del derecho internacional humanitario desde 1950.

La idea no es nueva, lleva un tiempo lanzada pero las grandes compañías -y los gobiernos, especialmente el de EEUU- vienen dando largas al asunto. Assange lo que hace ahora es, con las cartas en la mano, volver a retomarla y obligar a un posicionamiento público. Y vaya si lo ha conseguido.

Assange dio a entender que WikiLeaks puede estar trabajando con la "comunidad de tecnología" para asegurar los datos y la privacidad del mundo contra la gran potencia de recopilación de datos de la CIA que acaba de poner al descubierto su organización. Hasta qué nivel se estaría, condicional, produciendo esta colaboración no está claro, pero sí que ya ha ofrecido a las compañías las claves para que "cierren las puertas" de sus sistemas, las vulnerabilidades, por las que se ha colado la CIA y que éstas han dicho que lo van a estudiar.

Pero hasta aquí llega la colaboración, porque las empresas han dicho que eso de la Convención de Ginebra Digital es una tontería. Resulta que Silicon Valey ha decidido que no, que no va a cooperar con WikiLeaks y que lo único que hace Assange es "mejorar su propia reputación a través de la cooperación con los gigantes de la tecnología". ¡Toma ya! Todas las empresas de Silicon Valey han colaborado con el gobierno de EEUU, la CIA, la NSA y la madre que parió a todas ellas. Y resulta que una iniciativa como la que propone Assange que, repito, no es nueva y lleva ya varios años hablándose de ella, es una tontería. Dejará de serlo cuando a Silicon Valey y a los gobiernos, especialmente el de EEUU, les interese, no os quepa la menor duda. Pero ahora no les interesa.

Si queréis hacer un ejercicio curioso, y tenéis tiempo, comparad lo que se publicó del supuesto espionaje ruso en las elecciones de EEUU y cómo se está haciendo referencia a estas nuevas revelaciones de WikiLeaks. No hay margen alguno para democratizar lo que no es más que una farsa, y ese es el sistema en el que vivimos. El villano es quien denuncia y no el denunciado. El FBI está repitiendo el mismo patrón que cuando WikiLeaks reveló los correos del segundo de la sádica Clinton: investigar la filtración, no lo filtrado.

Curiosamente, o no tan curiosamente, está siendo el Partido Demócrata de EEUU quien con más saña está arremetiendo contra WikiLeaks. El problema no es tanto la CIA como el que no se ha sabido mantener el secreto y hay que averiguar quién lo ha hecho.

Por ejemplo, cuando Chelsea Manning reveló en la primera gran filtración de documentos a WikiLeaks cómo actuaba EEUU en Irak, es decir, cómo cometía crímenes de guerra, al Pentágono sólo se le ocurrió elaborar un manual en que se recogían los casos en los que era permisible matar periodistas. Chelsea Manning fue sometida a un consejo de guerra, el Pentágono no. Aunque Obama la indultó un par de semanas antes de terminar su mandato, pasó cinco años largos aislada por revelar esa información.

Lo mismo pasó con Edward Snowden, hoy refugiado en Rusia, a quien todavía se pide que se le mate (la propia Clinton lo dijo en la campaña electoral).

Esta es la democracia-farsa en la que vivimos, sin remordimiento alguno. En esta democracia-farsa los medios de propaganda (antes llamados de comunicación) son no sólo cómplices, sino fundamentales para el mantenimiento de la farsa. Ahora mismo el debate no está en si la CIA espía y cómo lo hace, sino en si WikiLeaks es una organización criminal y Assange su jefe.

Así que mientras los mal llamados progres siguen a lo suyo, escaqueándose de todo lo que pueda molestar a la democracia-farsa en la que tan a gusto se sienten, los no tan progres como ellos dan un paso al frente: el neofascista Nigel Farage, ese que se convirtió en uno de los principales impulsores del Brexit, ha visitado a Assange en la embajada de Ecuador en Londres. Para qué, misterio. Ni Farage ni Assange han dicho nada de nada, ni si ha habido esa reunión o no. Pero lo más probable es que se haya producido porque la embajada está vigilada día y noche para evitar la fuga de Assange y se le ha fotografiado entrando en el edificio. Lo más significativo de todo ello es que Ecuador está en silencio oficial. Ni afirma ni desmiente. Revelador, muy revelador.

¿Ecuador ha hecho de intermediario? Conociendo las estrechas relaciones entre Farage y Trump, ¿lleva algún mensaje de Trump? ¿O no ha sido más que un encuentro periodístico, dado que Farage tiene un programa de radio en Londres? Sea como fuere, lo que está claro es que el villano es Assange. Ahora y siempre.

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Hablando de democracia-farsa y de villanos, no hay que irse muy lejos. En el Estado español (España, para otras latitudes) los tribunales han dado la razón a las compañías eléctricas en su litigio contra el Ayuntamiento de Barcelona, que había elaborado un concurso para un nuevo contrato energético para la ciudad al que no se presentaron las dos principales compañías eléctricas, Gas Natural y Endesa, porque no estaban de acuerdo con uno de los requisitos, el relativo a la pobreza energética. Lo más esperpéntico es que estas empresas no se presentaron al concurso, pensando que si no lo hacían ellas no lo iba a hacer nadie. Pero erraron, sí hubo quien se presentó. Pero aún así, los poderes reales de la democracia-farsa les han dado la razón contra toda razón. Es decir, el villano es el Ayuntamiento de Barcelona y no estas compañías. Otra vez el mismo relato, y así hasta la náusea.

Según el concurso, la empresa que resultase concesionaria del suministro de luz a la ciudad tendría que firmar un convenio aceptando hacerse responsable del 50% de la factura de la pobreza energética. GAs Natural y Endesa, que tienen en sus consejos de administración a ex ministros de la derecha clásica (PP) y de la otra derecha (PSOE), recurrieron al sentirse "discriminadas" en las cláusulas del concurso y por rechazar lo de la pobreza energética. Ahora les han dado la razón. A joderse tocan, otra vez.

La iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona era muy loable, pero insuficiente como ya apunté. No quise entonces hacer sangre, pero en noviembre ya amenazó con dejar de pagar las facturas de las familias sin recursos a menos que las compañías asumieran ese 50% del costo. Han pasado cinco meses y el Ayuntamiento sigue pagando sin que las compañías, esas que han logrado echar abajo el concurso energético, hayan siquiera respondido. Es lo que pasa cuando se amenaza y no se da.

Sería muy de agradecer que el Ayuntamiento de Barcelona haya aprendido la lección y se ponga de una vez -algo que les cuesta mucho a los mal llamados progres- manos a la obra y haga dos cosas: crear un operador municipal energético que preste el servicio en las condiciones y con las condiciones que decida el Ayuntamiento, es decir, en beneficio de la gran mayoría, y que prescinda de los servicios de Gas Natural y de Endesa. Por ejemplo, anulando el contrato que mantiene con ellas e irse a alguna de las alternativas, como Som Energía, Nexus, Factor Energía o Aura, que son las otras empresas que sí se presentaron al concurso echado abajo por los tribunales y que, por lo tanto, aceptaban la cláusula de hacerse responsables del 50% de la factura de la pobreza energética.

Este vídeo, que ya os puse, está muy bien y ha sido elaborado con la colaboración del Ayuntamiento de Barcelona. Pues nada, que ahora quienes lo gobiernan vayan más allá del vídeo y lo hagan realidad de una vez. Es ahora o nunca, dado que ya han visto los límites de la democracia-farsa. Y que ellos, y no las compañías, son los villanos.



El Lince

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