jueves, 12 de enero de 2017

Sobre un triunfo y la relevancia

Ya que acabo de hablar de China, con las acusaciones que hace EEUU de "espionaje desde hoteles", voy a seguir con este país pero con lo que pasa a nivel interno. Tal vez alguien sepa que se acaban de conmemorar los 123 años del nacimiento de Mao. Desde que murió, el poder (aunque formalmente siga en manos del Partido Comunista) fue haciendo todo lo posible y lo imposible por convertir al fundador de la nueva China en poco más que un icono para vender camisetas. Es un decir: se limitaba a poner los retratos y poco más mientras deshacía con minuciosidad todo lo que Mao había hecho. Unos lo llamaron rectificación, otros modernización y otros a saber.

El caso es que en medio de esta vorágine, la fecha del nacimiento de Mao fue prácticamente desapareciendo de las celebraciones oficiales. Pero el pueblo chino no lo olvidó y siguió, por su cuenta y a veces enfrentándose al poder, conmemorando el natalicio. Al principio fueron solo unos cuantos cientos, luego unos cuantos miles y desde hace cinco años son decenas de miles quienes acuden al pueblo de Shaoshan (ahora tiene unos 100.000 habitantes) para rendir sus respetos a Mao. Al poder, léase a quienes dirigen en la actualidad el PCCh, no le quedó otro remedio que sumarse al homenaje ante la posibilidad de ser superado por las ansias de la población.

Era una expresión simbólica del hartazgo con el capitalismo que hay en una parte de la población china, pequeño si queréis, pero significativo. Han comenzado los despidos masivos de trabajadores en la industria de la siderurgia y del carbón, entre otros sectores productivos -aunque el colchón social de ayuda a los parados es bastante alto- y la posibilidad de que todo ello conlleve una "amenaza de la estabilidad social" que lleve a una "revolucionarización" es bastante alta para el poder. Porque esa "revolucionarización" sería siempre por la izquierda.

El PCCh está preñado en sus altas esferas de neoliberales y también llevan un tiempo intentando "readecuar" los planes de estudio para hacerlos coincidir con los occidentales. Pero aquí toparon con hueso.

La rebelión comenzó en las universidades, que comenzaron a reclamar "Más Marx, menos Occidente" en un movimiento que no ha dejado de crecer y que ya cuenta con una importante victoria. Esta es una foto de la Universidad de Taiyuan, provincia de Shanxi, durante una manifestación en el campus de los "Jóvenes Marxistas" que están proliferando en muchas de ellas.


El gobierno ha dado marcha atrás, si se quiere parcial, en su pretensión de continuar con la occidentalización de los planes educativos. El Ministerio de Educación pretendía una revisión de los libros de texto para la enseñanza primaria y secundaria primando los valores occidentales, sobre todo alabando el "libre mercado". Pero la reacción no sólo de los estudiantes, sino de una parte significativa de los profesores y, sobre todo, de los padres ha hecho que esa reforma no haya llegado a las aulas. Estudiantes, profesores y padres planteaban que lo que tenía que primar en la educación primaria y secundaria eran los valores patrióticos y revolucionarios y el gobierno se la ha tenido que envainar y aceptarlo. Así, el 10 de enero el gobierno anunció una reforma en esta línea.

Uno de los aspectos más sensibles para China es la ocupación japonesa de una parte importante del país durante la II Guerra Mundial y esa fase de la historia prácticamente había desaparecido de los libros de texto. Pues bien, a partir de esta primavera de 2017 todos los libros de texto, hasta el nivel universitario, van a incluir un apartado extenso de esta etapa histórica que durante todo el tiempo que duró, 14 años, desde 1931 a 1945, tuvo una importancia crucial en la derrota del fascismo. El ejército japonés fue muy debilitado por la resistencia china, especialmente la comunista, y eso influyó en las derrotas que sufrió frente a EEUU y otros aliados en Asia.

Aunque, como ocurre con la URSS, no hay datos completos del número de muertos (en la URSS se estima en unos 26 millones), en China se considera que unos 35 millones murieron durante la ocupación japonesa. Solo en la ciudad de Nanjing, y en unas terroríficas seis semanas de diciembre de 1937 y enero de 1938,  murieron 300.000 personas y 20.000 mujeres fueron violadas.

Al igual que pasaba con la ciudad natal de Mao, en muchas ciudades chinas los residentes hacían caso omiso a los poderes locales y celebraban por su cuenta el inicio de la resistencia popular contra los invasores japoneses en fechas muy anteriores a las que se recogían en los libros de texto. Eso venía sucediendo año tras año no sólo en pueblos pequeños sino en ciudades como Shenyang (8 millones de habitantes), donde se podía ver a los coches tocando el claxon cada 18 de septiembre y se oían las sirenas de los colegios y de algunos edificios oficiales. Este año, hasta el ayuntamiento de Shenyang se ha sumado oficialmente a esa fecha.

En China hay un movimiento que no se puede parar, pero sí encauzar. Es lo que está haciendo la actual dirección del PCCh no sólo dando estos pasos, sino yendo un poco más allá. La lucha contra la corrupción y la expulsión de cuadros y militantes por esto y por arribistas se está comenzando a generalizar. Incluso el presidente Xi Jinping utiliza cada vez más algunas frases y referencias maoístas.

También por presión de ciertas universidades, se está revisando el comportamiento de los profesores. En la de Jianzu, en la provincia de Shandong, se ha destituido de su cargo en el PCCh a un profesor -que también era consejero del gobierno de la provincia en materia educativa- y se le ha despedido de la Facultad de Artes por haber publicado un artículo muy crítico con Mao, aprovechando la conmemoración de su nacimiento, siguiendo los parámetros occidentales clásicos: libertad, democracia, etc, etc. Ni qué decir tiene que toda la reacción china, que la hay, ha utilizado todos los canales de que dispone, dentro y fuera de China, para hablar de "ataque a la libertad de expresión" del personaje en cuestión. Los servicios en chino de los medios de propaganda radiofónicos occidentales llevan tres días hablando del asunto (tranquilidad, que esto no es injerencia) y refiriéndose a este personaje como "víctima del comunismo" (sic) pero, no tan curiosamente, no han dedicado ni un segundo a la modificación de los planes de estudio que he mencionado más arriba.

Y es que este personaje en su crítica a Mao dijo: "si hubiese muerto en 1945 nos hubiésemos ahorrado 6 millones de muertos". Esta es la fecha en la que se inició la guerra revolucionaria, una vez derrotado el fascismo japonés, y esos 6 millones son los que se considera murieron en los cuatro años, 1945-1949, que duró hasta que triunfó el Partido Comunista y se instauró la República Popular. Cuando se le requirió por qué no se refería a la ocupación japonesa -Mao, como todo el PCCh, jugó un importante papel en la resistencia- dijo que no era relevante y que él a quien criticaba era a un personaje, Mao, que "había llevado al país a la hambruna".

Como sé que no tenemos costumbre de ver otro cine, os dejo un trozo de una de las películas que en China recuerdan esa masacre. Los cinéfilos dicen que recoge con bastante fidelidad uno de los métodos de violación masiva de mujeres chinas por parte de los japoneses. Sólo con verlo podéis imaginaros lo que ocurrió y que, para los críticos de Mao, en China y fuera de China, no es relevante.


El Lince

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